"....Emotivo XXV Aniversario....."

Con motivo de cumplirse en estos carnavales de 2006 el XXV aniversario del Juicio en el Fondo del Mar, intentaré rememorar cómo fue aquella primera representación, tan distinta a  la actual, pero, aunque más humilde, no carente de importancia al ser la base de todas las demás, y la parte principal del carnaval santoñés que le distingue del resto de los carnavales.
El guión del Juicio en el fondo del Mar se debe a Carlos Juncal Ibaceta, quien tuvo el acierto de poner en escena, con nuevo guión, el argumento de una copla del mismo título,
creada por Emilio González Revuelta, Litri, en el año 1934, para la murga Los Parrandistas . Su argumento se basa en el rapto de una sirena por un besugo enamorado, y el juicio a que es sometido, entre rocas y algas de los acantilados, ante un tribunal de sirenas presidido, como juez, por el dios de los mares, Neptuno, quien para aclarar el asunto convoca desde el pez más diminuto, hasta el muergo más astuto. Al salvareo le corresponde el papel de espinoso letrado encargado  de la defensa, la acusación la ejerce el verdel, como procurador aparece el pez volador, quien con rapidez inusitada, efectúa las diligencias y, para que no falte nada, del orden de la sala se encarga el temido pez espada. Los actores del primer Juicio en el fondo del mar, vestían su cuerpo con redes  y colocaban los peces sobre sus cabezas, pues habían sido diseñados como si fuesen gorros, lo que suponía cierta incomodidad para mantenerlos fijos, debido a sus dimensiones y ligero peso, pues eran de cartón. Éstos fueron confeccionados por miembros de la peña Los Ronceros, bajo la dirección de Luis Muñoz, y el besugo, único que no era gorro y de forma semejante al actual fue realizado por los de la peña La Zarceta, siguiendo las directrices de Carlos Juncal. El escenario, en aquella ocasión, se montó sobre parte de la desaparecida fuente luminosa de la Plaza de San Antonio, cuyos chorros de agua en color, servían para ambientar la escena. La representación se desarrolló de la siguiente forma: en el trono situado en el centro se colocó Neptuno (entonces, y por muchos años magníficamente interpretado por Juanjo Sañudo) acompañado de sus sirenas; el besugo, que había sido transportado en andas, fue apoyado entre dos bancos de la plaza; los peces se situaron alrededor, sentados también en bancos. El diálogo de la obra fue leído, desde el templete de la música, por unos locutores (Lolo Muela, Manuel, Eloy Ortiz, Berta Pla, Rosa Colina y Espe Gobantes), que prestaban las voces masculinas o femeninas según fueran los personajes con lo que, al ser citados éstos, se ponían de pie pero no hablaban. La variada fauna marina, constituyo un poderoso atractivo para el público espectador, que quedó encantado de la representación. No obstante, hubo una protesta generalizada por la hora en que se desarrollo:
Las diez de la noche en un día de invierno. La organización tomó buena nota y en futuras representaciones se adelantó, para que los mayores y los niños, en su totalidad, pudieran disfrutar de las mismas a una hora apropiada. Al año siguiente también se mejoró la puesta en escena, con más movilidad, al reclamar su parte del guión cada personaje y moverse hacia el  estrado. Los peces dejaron de ser de gorro pasando a ser completos, quedando los actores en el interior de ellos, salvo los llamados peces planos, como el lenguado, que se colocan sobre la espalda, o el pulpo que, metido en la cabeza, cuelgan sus garras desde los hombros por todo alrededor del cuerpo.
El espectáculo, en esencia, se compone de tres partes:
El Paseo del reo, en el que besugo es conducido por las calles hasta llegar a la plaza de San Antonio; la representación del Juicio en el fondo del mar, que concluye con la absolución del besugo, pero que muere de amor al verse despreciado por la sirena; y el Entierro del besugo, en el que tras el velatorio se organiza un desfile, formado por una falsa y lóbrega comitiva compuesta de numerosos peces, cientos de enlutados y plañideras, que acompañan al féretro hasta su última morada. Las marchas fúnebres de las charangas no cesan hasta llegar a el Pasaje. Allí se detiene el tenebroso cortejo y colocan al besugo en una pequeña plataforma flotante. Le prenden fuego, y del interior del pez comienzan a dispararse fuegos de artificio llenando de resplandor el cielo. Las aguas de la bahía acogen las cenizas del gigantesco besugo que personifica el carnaval de Santoña. Ahora que el Juicio en el Fondo del Mar cumple su XXV aniversario, sirvan estas líneas de felicitación, para su creador y para los que le hicieron posible por vez primera, hace ahora un cuarto de siglo, y que mereció ser declarado Fiesta de Interés Turístico.

Jose Luís Gutiérrez Bicarregui

"Comentario publicado en el diario alerta el 05-03-2006"