"....25 Años con el Besugo....."

Aquel primer carnaval, éste resultó un rotundo éxito,  se basó en lo siguiente:
Con motivo de cumplirse en los carnavales de 2006 el  XXV aniversario del “Juicio en el Fondo del Mar”, la Asociación Carnavaldelnorte.com, me pide unas líneas para rememorar, como Alcalde de Santoña que era entonces, cómo surgió referido “Juicio” en 1982. Lo hago encantado, pero reconociendo que hay personas con mayores méritos que yo, por haberse implicado directamente en su puesta en marcha y haber sido protagonistas del mismo.

Quiero recordar que Santoña fue el primer pueblo de Cantabria,  en resurgir el carnaval. Fue en febrero del año 1981, pero con anterioridad, se llevaron a cabo varias reuniones entre la Comisión de Festejos del Ayuntamiento y las distintas Peñas y Asociaciones.

Ø Un desfile, en el que participó un gran gentío con los más variados disfraces.

Ø Unas murgas, que iban cantando por calles y establecimientos,

Ø Unas parodias (la niñera, el sacamuelas, la viuda, el fotógrafo, etc.), que algunos representaban entre la muchedumbre, como también se hacía en los antiguos carnavales.

Por tanto,  al principio nadie se interesó por el entierro de la sardina, con el que, antaño, finalizaban  los carnavales. Sin embargo, al año siguiente, 1982, Carlos Juncal Ibaceta, tuvo el acierto de escribir el guión del “Juicio en el fondo del Mar”,  basándose en el argumento de una copla del mismo título, creada por Emilio González Revuelta, “Litri”, en el año 1934, para la murga “Los Parrandistas”. Su argumento se basa en el rapto de una sirena por un besugo enamorado, y el juicio a que es sometido,  entre rocas y algas de los acantilados, ante un tribunal de sirenas presidido, como juez, por el dios de los mares, Neptuno, quien para aclarar el asunto convoca “desde el pez más diminuto, hasta el muergo más astuto”. Al salvareo le corresponde el papel de “espinoso letrado” encargado de la defensa, la acusación la ejerce el verdel, como procurador aparece el pez volador, quien con rapidez inusitada, efectúa las diligencias y, para que no falte nada, del orden de la sala se encarga el temido pez espada.

Los actores del primer “Juicio en el fondo del mar”,  vestían su cuerpo con redes y colocaban los peces sobre sus cabezas, pues habían sido diseñados como si fueses gorros, lo que suponía cierta incomodidad para mantenerlos fijos, debido a sus dimensiones y ligero peso, pues eran de cartón. Éstos fueron confeccionados por miembros de la peña “Los Ronceros”, bajo la dirección de Luis Muñoz, y el besugo, único que no era gorro y de forma semejante al actual fue realizado por los de la peña “La Zarceta, siguiendo las directrices de Carlos Juncal.

El escenario, en aquella ocasión, se montó sobre parte de la desaparecida fuente luminosa de la Plaza de San Antonio, cuyos chorros de agua en colores, servían para ambientar la escena. La representación se desarrolló de la siguiente forma: en el trono situado en el centro se colocó Neptuno (entonces, y por muchos años magníficamente interpretado por Juanjo Sañudo) acompañado de sus sirenas; el besugo, que había sido transportado en andas, fue apoyado entre dos bancos de la plaza; los peces se situaron alrededor, sentados también en bancos. El dialogo de la obra fue leído, desde el templete de la música, por unos locutores (Lolo Muela, Manuel, Eloy Ortiz, Berta Pla, Rosa Colina y Espe Gobantes), que prestaban las voces masculinas o femeninas según fueran los “personajes” con lo que, al ser citados éstos, se ponían de pie pero no hablaban.

La variada fauna marina, constituyo un poderoso atractivo para el público espectador, que quedó encantado de la representación. No obstante, hubo una protesta generalizada por la hora en que se desarrollo: las diez de la noche en un día de invierno. La organización tomó buena nota y en futuras representaciones se adelantó, para que los mayores y los niños, en su totalidad, pudieran disfrutar de las mismas a una hora apropiada.

Al año siguiente también se mejoró la puesta en escena, con más movilidad, al declamaba su parte del guión cada “personaje” y moverse hacia el estrado. Los peces dejaron de ser de gorro pasando a ser completos, quedando los actores en el interior de ellos, salvo los llamados peces planos, como el lenguado, que se colocan sobre la espalda , o el pulpo que, metido en la cabeza, cuelgan sus garras desde los hombros por todo alrededor del cuerpo.

La mayoría están formados por tres partes unidas por un armazón de varilla fina de hierro: la cabeza, el cuerpo y la cola. Las cabezas, con una parte del cuerpo están diseñadas para colocarlas sobre los hombros, prolongando con ello, la altura de los actores. Las cabezas y colas están confeccionadas con corcho blanco, debidamente pintados y el cuerpo de un revestimiento flexible con las escamas superpuestas. El color y detalles imitan a los peces reales.

Los actores envueltos en el disfraz de  pez, asoman tres partes de su cuerpo:

Ø Parte de la cara a través de una pequeña abertura situada en la parte ventral de los peces y por ella recitan el papel asignado.

Ø Los brazos, que  salen por el cuerpo del pez como si fueran las aletas laterales.

Ø Los pies ,   que asoman junto a las colas de los peces que llevan tras ellos, lo que hace que su desplazamiento sea lento.

El Juicio en el Fondo del Mar siempre se ha representado en la plaza de San Antonio. El escenario lógicamente ha cambiado con el paso del tiempo, mejorando en sus aspectos decorativos y luminosos. Además hace unos años se dispone bajo una carpa que protege a los artistas y espectadores de las inclemencias del tiempo.

El espectáculo, en esencia, se compone de tres partes: El  “Paseo del reo”, en el que besugo es conducido por las calles hasta llegar a la plaza de San Antonio; la representación del “Juicio en el fondo del mar”, que concluye con la absolución del besugo,  pero que muere de amor al verse despreciado por la sirena;  y  el “Entierro del besugo”, en el que tras el velatorio se organiza un desfile, formado por una falsa y lóbrega comitiva compuesta de numerosos peces, cientos de enlutados y plañideras, que acompañan al féretro hasta su última morada. Las marchas fúnebres de las charangas no cesan hasta llegar a el Pasaje. Allí se detiene el tenebroso cortejo y colocan al besugo en una pequeña plataforma flotante. Le prenden fuego, y del interior del pez comienzan a dispararse fuegos de artificio llenando de resplandor el cielo.  Las aguas de la bahía acogen las cenizas del gigantesco besugo que personifica el carnaval de Santoña.

Por todo lo dicho, vemos que nada tienen que ver aquellos entierros de la sardina, con el brillante espectáculo del “Juicio en el fondo del mar” que constituye lo más original del carnaval santoñés, lo que le ha valido estar declarado como Fiesta de Interés Turístico en el año 1985.

Ahora que el “Juicio en el Fondo del Mar” cumple su XXV aniversario, sirvan estas líneas de felicitación, para su creador y para los que le hicieron posible por vez primera, hace ahora un cuarto de siglo.

Jose Luís Gutiérrez Bicarregui